MANUEL REGUEIRO TENREIRO

Únicamente opta a alcanzar la virtud el que se conduce con integridad pudiendo no hacerlo. Es decir, solo puede ser bueno quien lo es a partir de una decisión voluntaria, eligiendo serlo ante la disyuntiva de escoger qué camino tomar. No es posible ser virtuoso bajo coacción, como no es posible la docencia sin alumnado.

Manuel tenía interiorizado este principio mejor que nadie; y en la misma línea, que más allá de cualquier utopía, un mundo mejor se construye de a poco, a través de pequeños gestos cotidianos, aplicándose con paciencia y prolijidad en el trabajo, brindando una mano a quien se encuentre cerca de ti en cada momento. Su generosidad y su abnegación lo dejan bien a las claras. Siempre estuvo atento a las necesidades de su entorno, de sus vecinos y de la comunidad; una permanente cordialidad y capacidad de integración que se desprenden ya desde el título de cada una de las obras que publicó.

En Salamanca, ante la fachada de la iglesia de los PP Jesuitas

Esta misma entrega y dedicación no solo le permitieron desarrollar una brillante formación universitaria y transitar una dilatada y prolífica carrera profesional, sino también liderar diversos centros educativos, desempeñar durante más de una década decisivos cargos institucionales e, incluso, ser un precursor de la incorporación de la lengua gallega a los libros de texto.

En definitiva, por encima de sus notables aportaciones académicas y de su compromiso cultural, Manuel nos ha encomendado la maravillosa ofrenda de sus valores, de su irrenunciable bondad, aun cuando no siempre fuera justamente correspondida. Su legado es una referencia, una guía, una estrella a la que seguir, el andamiaje que ha permitido a todos los que lo rodearon construir sus propias vidas, y la semilla que sin duda continuará germinando con su aliento en futuras generaciones.