LLEGADA DE MANOLO A SALAMANCA

Manolo nació en 1943 en Perbes, una parroquia de Miño, en la provincia de A Coruña.

Era un niño “de aldea”, sello que lució muy orgulloso toda su vida.

Era el cuarto de cinco hermanos, y todos ellos fueron criados por su madre, pues el padre, que era mecánico de la Armada, no estaba casi nunca en casa, debido a las circunstancias históricas de esta etapa (participó en 3 guerras).

Padre de Manolo

No sabemos mucho de su niñez, por su manera de ser, pero lo que hablaba de vez en cuando era que le encantaba el futbol y que iban a la playa (Perbes tiene una playa preciosa, y en aquella época no había apenas gente, así que la disfrutaban solo los vecinos del pueblo) a jugar. Calzaba zuecas de madera, que se le rompían con mucha frecuencia, y su madre le reñía con severidad.

Iba a la escuela con 3 años agarrado de la mano de su hermana, a casa de una maestra que vivía cerca de la ermita de San Miguel de Breamo (muy lejos de su casa). La madre les preparaba la comida en una fiambrera, comían en la escuela, y por la tarde regresaban a su casa. Quería mucho al Abuelo materno. Lo acompañaba todo lo que podía, aprendía de sus consejos y sus cuentos.

Manolo, en el centro, con sus hermanos y su madre

A los 9 años ya iba andando a un maestro que estaba en Leiro (otra parroquia próxima). Fue el que lo preparó para el examen de Ingreso, el cual, muy orgulloso, aprobó.

Llegado hasta aquí, decide que quiere ir al Seminario, porque quiere ser como D. José (el párroco de Perbes). Era un cura muy campechano, al que admiraban todos los parroquianos del lugar. Manolo lo quería y yo creo que lo observaba continuamente, pues lo recordaba siempre y para bien. Entonces fue al Seminario de Santiago de Compostela con D. José y con el tío Pedro (hermano de su madre) que lo acompañaron.

Después de llevar 8 años en el Seminario de Santiago de Compostela, Manolo decide que no quiere seguir y se lo comunica a su padre, ya enfermo, fallecería en abril de 1962.

Al acabar el curso se traslada al Colegio Mayor San Carlos Borromeo de la Universidad Pontificia de Salamanca el curso 62-63 y allí termina la carrera de Teología. Aprovechando estos estudios, y para no ser gravoso a su madre, solicita una beca en el Colegio de Huérfanos de la Marina (que le conceden) y se pasa a la carrera de Filosofía en la misma Universidad, ya que le convalidaban algunas asignaturas de cada curso.

Salamanca, 1962

A finales de noviembre de 1964 la casualidad quiso que coincidiéramos en una reunión de algunas de mis amigas de la infancia, y un compañero de ellas nos presentó a Manolo. La primera impresión fue de impacto, pues tenía unos ojos azules preciosos, unas pestañas infinitas y una seriedad que no pasaba desapercibida. Luego nos volvimos a ver por la calle en febrero de 1965 por la festividad de Santo Tomas de Aquino, porque no había clase. Me acompañó a hacer unos recados y quedamos para otro día, y luego para otro y otro y otro hasta que a finales de diciembre del 65 (vacaciones de Navidad) formalizamos nues­tra relación.

Los dos estudiábamos 3º de carrera, y como es lógico nos veíamos llenos de ilusión a pesar de que Manolo era un chico muy cerrado, muy tristón y muy serio. Contaba detalles, aunque hablaba poco de su vida anterior, tanto en el Seminario, como en su casa, hasta que poco a poco fui conociendo a un chico muy inteligente, muy trabajador, y con una humildad extraordinaria. Le gustaba pasear en solitario, y mucho más salir al mar cuando estaba en su casa.

Así fueron nuestros principios, llenos de ilusión y de felicidad. Como no teníamos dinero, él me traía como regalo las notas, buenísimas, hasta que acabó la carrera. Luego tuvo que convalidar los estudios de la “Universidad Pontificia” por los de la Universidad Civil. Y además las milicias universitarias.

También poco a poco fue conociendo a mi larga familia, pues hemos sido 9 hermanos, y todos en la universidad. Manolo decía que había tardado más de un año en conocerlos a todos. Al principio le costaba un poco, pero luego conectó con todos estupendamente y se fue integrando en su segunda familia. También un poco más adelante conoció a mis padres en un momento en que Manolo estaba destrozado de ánimo, pues lo acababan de suspender (la primera vez que lo suspendían) en el examen de convalidación para acceder a la Universidad Civil.

Manolo en Salamanca

Una vez terminada la carrera se fue a su primer destino: San Esteban de Gormaz, en la provincia de Soria. Era un colegio dirigido por un empresario, para los hijos de los trabajadores, que aspiraba a ser un “Libre Adoptado”. Este año para nosotros fue difícil debido a las malas comunicaciones que había con Salamanca y que impedían poder vernos.

Al año siguiente, ya en la provincia de Salamanca, ejerció en Armenteros (un pueblo del interior “perdido en el mapa”). Era un centro más o menos conflictivo, pues además de tener malos alumnos, en el sentido académico, venidos de otros colegios para repetir curso, dependía por una parte del Obispado de Salamanca, y por otra del Ministerio de Educación, ambos directores discrepaban bastante.

Este año, nuestra relación mejoró notablemente porque nos veíamos todos los fines de semana.

Por fin al siguiente curso fue a ejercer al Colegio Libre Adoptado de Guijuelo. Vivía en Salamanca y se desplazaba todos los días.

Cuando yo terminé la especialidad de Anestesiología y Reanimación consigo una plaza en el Hospital Provincial de Salamanca y entonces ya decidimos casarnos (diciembre de 1972). Desde aquella hemos sido un matrimonio muy feliz. Manolo no daba crédito del cambio que había experimentado, pues nunca había vivido en “su casa”. Era muy feliz.

Ya tranquilo, Manolo prepara la oposición de Agregados de Instituto, la saca en 1975, ya con dos hijos de 2,5 años y de 5 meses nos trasladamos a Lugo y allí hemos desarrollado cada uno nuestra carrera profesional. Siempre hemos trabajado con independencia, pero al mismo tiempo nos hemos ayudado según íbamos necesitando, cada uno en lo nuestro.

 

Desde Lugo, precisamente, es donde Manolo ha desarrollado toda su trayectoria profesional:

- Seminarios de Filosofía.

También estuvo en Santiago, dedicado a “la política” como Subdirector de Enseñanzas Medias primero y luego como Director General de Política Lingüística durante doce años. Allí fue promotor del Centro de Investigación Ramón Piñeiro y del Museo Pedagógico de Galicia.

Los dos últimos años, estando ya enfermo, se dedicó a los respectivos autores de las Letras Gallegas: Filgueira Valverde y Antón Fraguas.

Este último autor ha sido el verdadero motor de su existencia hasta el final de sus días, por la ilusión que puso en este trabajo y por la prisa que tenía en terminarlo, seguramente presentía que le llegaba la hora final.

Regueiro con Antonio Prado, Xulián Parga, Valentín García, Paco Martín y Xulio Xiz

Como podéis suponer han sido 47 años de continua felicidad a pesar de las dificultades que se presentaban (como en todas las familias). Han sido 47 años en los que he disfrutado de un marido y compañero diez. Un marido maravilloso, un padre espléndido y un abuelo feliz. Muy cariñoso con todos nosotros, especialmente los años de su enfermedad.

El último regalo que nos ha dejado es este extraordinario recuerdo de todas sus facetas, descritas por su familia, sus amigos y sus compañeros, a los cuales agradecemos, tanto mis hijos como yo, su esfuerzo y colaboración.

Mención especial merecen Julio Giz y Antonio Giz, pues desde que se fue Manolo, no han dejado de trabajar para que todo esto sea posible.

Doy las gracias a todos, porque sé que este bonito recuerdo ha sido realizado con mucha nostalgia, pero con gran sentimiento.