UNA AMISTAD DE MÁS DE CUARENTA AÑOS

¿Cuándo y cómo se inició la amistad entre Manuel Regueiro Tenreiro, vecino de Lugo, profesor de Filosofía, y Vicente Taroncher Valdés, vecino de Valencia, profesor de Historia?

Nos conocimos a mediados de octubre de 1977, en el INB Juan Montes de Lugo.

Aprobé las oposiciones a Agregados de Instituto en el verano de 1977 y solicité numerosos destinos. En septiembre, llamé al MEC para informarme sobre mi futuro. La funcionaria respondió:

- “Usted ha sido destinado al Instituto Juan Montes de Lugo. Póngase en contacto con su instituto”.

“Tierra desconocida”, pensé. Era una oportunidad para conocer la historia, el arte, la geografía y las gentes de Galicia. Puesto en contacto con el Instituto, me informaron que las clases comenzaban pasadas las fiestas de San Froilán y del Doce de Octubre.

  Realicé el viaje de 850 km. que separaban Valencia de Lugo. En unas horas pasé del paisaje y clima mediterráneos al paisaje y clima gallegos. Llegué a Lugo el “Domingo das Mozas” y durante ese día llovió copiosamente. Al día siguiente, una densa niebla cubrió la ciudad. Pronto comenzó mi adaptación a la lluvia y a la niebla.

El 13 de octubre acudí al Instituto Juan Montes de la calle Montevideo. Sí, Juan Montes, no Xoán Montes. Aún faltaban seis años para la aprobación de la Ley de Normalización Lingüística. Saludé a la Junta Directiva, que me recibió con amabilidad, aunque algo sorprendida por la llegada de un profesor tan lejano. En la Secretaría del Instituto conocí a Manolo, el Secretario, y allí realicé los trámites administrativos necesarios.

Pronto, Manolo y Maite, muy acogedores, me abrieron las puertas de su hogar para mantener una conversación, ver un partido interesante de fútbol o disfrutar de una comida en compañía. Su hogar se convirtió en mi “casa refugio” en los momentos de soledad. Francisco y Fernando, sus pequeños, jugaban y correteaban por la casa.

Durante el curso 1977-78 impartí clases en los tres cursos de Bachillerato y COU. Recuerdo la compra de libros en Souto; las lecturas en la Biblioteca de la Diputación; la asistencia a un concierto de “Fuxan os Ventos”; la presentación de Nueva Acrópolis y las conferencias del político y sacerdote Xirinacs en el Círculo de las Artes, y de Fernando Morán.

En marzo de 1978, Amparo, mi esposa, llegó a Lugo y nuestra amistad con Manolo y Maite se amplió y fortaleció. A partir de ese momento, iniciamos el descubrimiento de Galicia. Durante los fines de semana visitamos lugares icónicos: Sargadelos, Piornedo, los monasterios de Samos, Pantón, Santo Estevo de Ribas de Sil, las terrazas de viñedos del Miño, el cabo Estaca de Bares, etc.

A Manolo y a Maite les gustaba el relato de nuestras excursiones y nuestro interés por la geografía y el arte de Galicia.

Nuestra amistad pasó a ser una relación cercana. Varias veces visitamos la casa familiar de su querido Perbes. Allí conocimos a su madre y a su extensa familia y siempre fuimos tratados de forma acogedora y familiar.

  Mi estancia en Lugo duró un curso, un año escaso, porque fui trasladado en comisión de servicios a Albacete, la provincia de mi esposa. Durante el tiempo pasado en Lugo se forjó una amistad que ha durado más de cuarenta años. Una amistad basada en mi eterna gratitud por la ayuda prestada, la fidelidad, la familiaridad y el mutuo respeto.

Nuestra amistad continuó mediante llamadas telefónicas y visitas familiares a Lugo y Valencia. En nuestras conversaciones actualizábamos las informaciones sobre nuestras respectivas familias y compartíamos alegrías, tristezas y preocupaciones.

Recuerdo algunas anécdotas de nuestros encuentros. En una ocasión, Manolo, Maite e hijos vinieron a las Fallas. Una borrasca mediterránea regó con abundancia Valencia. Algunos actos fueron suspendidos o quedaron deslucidos. En nuestra visita a los monumentos falleros, las figuras de cartón, los ninots, se deshacían por la humedad.

En el verano de 1997 llegamos a Lugo después de visitar la costa cantábrica. Manolo dijo:

- El día de Santiago tenemos que asistir a los actos programados por la Xunta.

Encontré el traje, la camisa y la corbata adecuados. La visita a una zapatería me proporcionó el calzado adecuado. Amparo también pudo vestirse con decoro.

Los actos comenzaron con un acto religioso en la iglesia del Panteón de Gallegos Ilustres y siguió con el acto de reparto de medallas, el discurso oficial y la recepción. Recordaba que la empresa Citroën recibió la medalla de oro y por ello he podido localizar el año en que sucedió. En la recepción, Manolo me presentó a Darío Villanueva, rector de la universidad de Santiago, con el que mantuve una conversación.

 

 Un día, recibimos la noticia del inicio de su enfermedad y posteriormente de las hospitalizaciones, mejorías y recaídas. En las conversaciones mantenidas a principios de 2019, Manolo nos envió dos mensajes:

- Vicente, si quieres venir a verme, ven pronto, porque el tiempo se me acaba.

Viajamos a Lugo y durante cuatro días convivimos en el hogar de Manolo y Maite. Encontramos a Manolo en un estado de salud muy delicado y tratado con abnegación y cariño por Maite. Durante esos días actualizamos las noticias sobre nuestras familias y conocidos del Instituto.

Manolo estaba satisfecho por los actos programados y la publicación del libro sobre Antón Fraguas. Le ayudé a enviar libros a sus amistades. También me contó el proyecto para realizar una historia de la filosofía en Lugo. Le apunté que podíamos buscar informaciones sobre dos profesores, cuyos nombres no recuerdo, en la Hemeroteca de la B.N.E., en la Biblioteca Virtual de Prensa Histórica y en el BOE. En efecto, las noticias sobre dichos profesores comenzaron a aflorar.

Un abrazo de despedida y regresamos a Valencia. Días después recibimos la noticia de su muerte. Había fallecido un hombre bueno, que amaba a Maite, a Francisco y a Fernando, a sus familiares, amistades y a la tierra y lengua de Galicia. Yo sentí que había perdido un amigo cercano a mi corazón, aunque lejano por la distancia.

Para finalizar, me permito destacar cuatro aportaciones, que en mi opinión, Manolo ha legado a la sociedad en la que vivió y trabajó:

En primer lugar, trabajo docente y directivo. Manolo ejerció la docencia en San Esteban de Gormaz, Armenteros, Guijuelo, Lugo, El Ferrol y Villalba. Yo pude comprobar numerosas veces, en los pasillos del Instituto o en las calles de Lugo, el aprecio de sus alumnos y las buenas relaciones que mantenía con ellos.

Su labor docente se completa con el doctorado de Filosofía, la publicación de libros individuales o en colaboración y la coordinación de los Seminarios de Filosofía de Lugo.

A lo largo de su docencia asumió los cargos de director, vicedirector, jefe de estudios y secretario. El desempeño de un cargo directivo exige un trabajo suplementario con la finalidad de mantener la armonía de la comunidad educativa, establecer los objetivos educativos y lograr el buen funcionamiento administrativo.

En segundo lugar, la promoción cultural. Era un emprendedor cultural. Repaso su biografía: Profesor invitado en Escuela Familiar de Lugo, en el Instituto Teológico Compostelano, miembro asesor de las revistas “Encrucillada” y “Galega de Ensino”, promotor del Museo Pedagógico de Galicia y de la exposición y publicación del libro sobre Antón Fraguas. A pesar de su precario estado de salud, tenía en mente un nuevo proyecto.

 En tercer lugar, su trabajo político. Los once años en los que desempeñó la Dirección de Política Lingüística fueron años de vida ajetreada: viajes internos y externos, inauguraciones, exposiciones, presentaciones, normativas, etc.

Desde hace años, las encuestas del CIS manifiestan la desconfianza de la ciudadanía hacia la clase política. Sin embargo, yo sigo creyendo que hay que valorar a los políticos que instalados en la honestidad trabajan por la comunidad. También sé que los políticos se encuentran entre el control y la crítica de la oposición y, en ocasiones, el fuego amigo.

En una ocasión le indiqué que había comenzado a dar clases en la línea de valenciano de mi Instituto, línea que impartía todas las materias en valenciano, excepto el idioma extranjero y la lengua española. Manolo me respondió que Galicia había adoptado el modelo armónico de relación lingüística.

  En cuarto lugar, el amor a la lengua gallega. Manolo era un practicante del gallego, lengua que utilizaba con los compañeros del Instituto, su familia de Perbes y amigos. Yo no me sentía molesto porque procedía de una tierra con lengua propia. Unas veces jugamos a comparar palabras en gallego y en valenciano, y otras me explicaba las diferencias entre portugués y gallego.

Relato otra anécdota. En una de sus visitas a Valencia, Manolo escuchó una conversación desenfadada en valenciano entre un familiar del pueblo de Godella y un amigo. Finalizada la conversación dijo:

- ¡Qué gozada!

Para finalizar, tengo una tarea pendiente: Visitar la tumba de Manolo en el cementerio de su querido Perbes y elevar una oración por su eterno descanso.