Querido Manuel:
Fue un bendición tenerte en la familia, y una suerte conocerte y cultivar una amistad de muchos años. Desde el primer momento nos cautivó tu forma de ser, sencillo, amable, cordial, en definitiva, una excelente persona.
Fuimos un fin de semana de Madrid a Salamanca, y Maite, nuestra prima, te presentó como su novio, que estabas ayudándole en su tesis doctoral. Nos agradó tu carácter… ¡Qué persona tan amena! Pasamos un fin de semana maravilloso.
Aunque en anteriores ocasiones ya habíamos visitado la Ciudad, aquellos dos días, paseando con Maite y Manuel por Salamanca, ésta nos pareció mucho más grandiosa. En una de las salidas, a las 10 de la noche, fuimos a tomar algo a la Plaza Mayor y nos dieron las 3 de la mañana; el tiempo se nos hacía muy corto. Manuel era tan buen conversador y entrañable, que no nos cansábamos de escucharle.
Vivimos luego tantos acontecimientos juntos: Su boda, las de nuestros hijos y los suyos, hermanos, primos… Hace 10 años pasamos una semana en Galicia con ellos que no olvidaremos jamás.
Queremos resaltar que Manuel era una persona tan generosa que hacía muy felices a todos los que estábamos con él.
Gracias, Manuel, por todos los momentos inolvidables que disfrutamos a tu lado. Siempre guardaremos de ti los mejores recuerdos. Hasta siempre, amigo.