DON MANUEL REGUEIRO O EL FILÓSOFO AMIGO

Caracteres del amigo

Afirma nuestro filósofo don Emilio Lledó en su libro titulado “Epicureísmo” que dos de las palabras fundamentales de la cultura griega son Teoría y Filia, entendiendo ésta por amistad. Y los que caminamos por la vida con el mismo amor a la humanidad, simpatía, nos une el sentimiento de ayuda mutua, de concordia y colaboración. Junto a ello, el diálogo de experiencias vividas perdura en el recuerdo y permanece en la intimidad de la conciencia. Por ello, no importa el tiempo transcurrido; el amigo permanece en la memoria y une el tiempo para seguir hilando y tejiendo la urdimbre de la vida.

El amigo confía en nosotros y nosotros en él. A la vez se produce el milagro: la confianza en nosotros mismos, ofrendada y refrendada por el amigo.

Es en las relaciones con el amigo, en las palabras con las que le contamos nuestras cuitas, deseos y proyectos, donde adquirimos la conciencia de nosotros mismos y de nuestros anhelos. El lenguaje se convierte así en el espacio colectivo donde se manifiesta en el tiempo nuestro ser social en un entorno de simpatía y amabilidad.

 

Las oportunidades de la vida

Y fue precisamente en San Esteban de Gormaz donde uno mis primeros recuerdos a la vida de Manolo. Durante el curso 1968-69 nuestro amigo fue el primer director del Colegio Libre Adoptado en la citada localidad. Recuerdo algún viaje acompañando a nuestro común amigo José Antonio Pereiro Ramos al Instituto Antonio Machado de Soria, con el fin de conseguir del director del mismo su apoyo a nuestro proyecto. Y las charlas por los pueblos limítrofes o cercanos con el fin de animar al posible alumnado para el citado colegio. En poco tiempo se improvisó un equipo de maestros, empleados en la industria del pueblo con la debida titulación, dirigidos por don Manuel Regueiro Tenreiro y, en un año, se consolidó el proyecto, asistiendo y formándose alumnos que no hubiesen tenido la oportunidad de estudiar el bachillerato.

Sin embargo, el lugar donde nosotros nos veíamos era en Salamanca, ciudad donde él había estudiado y yo seguía haciéndolo. En dichos encuentros me contaba las dificultades del centro, la cortedad de miras de la población y de algunos de sus dirigentes, de la facilidad para caer en falsas leyendas, de la bondad de mi hermano Alejandro, a quien invitaba al cine mientras guardaba con primor la ausencia de quien había de ser su mujer de toda la vida, Teresa. Y así fue como conocí también a Maite, siempre amable y hospitalaria conmigo y con mi mujer y compañera de toda la vida, Nory Muro. Ambas sentían una admiración y gratitud mutuas. De ello guardo recuerdos agradecidos en Salamanca y Lugo. Y la fidelidad a los primeros recuerdos ha permanecido en la distancia cuando no hemos tenido la posibilidad de la presencia física.

Ambos supimos desde el principio de nuestra relación que es en la adversidad donde tenemos la mejor oportunidad para conocer y sentir al amigo. Y comprendemos ahora lo que decía San Agustín en sus “Confesiones”, que hay que seguir en la vida para que el amigo siga viviendo en nosotros, porque el amigo es, como decía el poeta Horacio, parte de nuestra vida.

 

Cuidar la vida a la vez que a los amigos para extender y ampliar la atmósfera de la amabilidad

Aristóteles hablaba de la “filía” política, de la amistad política, como expresión máxima de la amabilidad entre los seres humanos y que tanto bien hace a quienes viven en comunidad. Con el amigo tenemos la posibilidad de manifestar nuestro proyecto de vida y le hacemos partícipe, siendo así cómo se forma el ideal del amigo en nosotros para llegar a ser amigos de nosotros mismos. Antonio Machado hablaba “con el otro que va conmigo”. “La amistad es lo más necesario de la vida; sin amigos nadie querría vivir, aunque poseyera los otros bienes” afirmaba Aristóteles en su “Etica a Nicómaco”.

Estar y ser vida en la amistad para ser y estar bien en la vida, esa es la cuestión. Y posiblemente va más allá de todas las ideologías políticas o religiosas. El primer juicio que hacemos, decía Hegel, es que somos y estamos en la vida. Y es en la atmósfera de la amabilidad donde son posibles todos los ideales humanos humanizados.

 

El amigo ve el mal pero no se somete a él

Decía Platón que la verdad ha de prevalecer sobre el amigo, pero si la amistad es la mayor verdad humana, será la educación la que nos permitirá ver el error, la falsedad, la mentira, como la nebulosa que falsea nuestra mayor verdad humana. En esa situación es donde tiene sentido sostener al amigo sin que se dé cuenta para que no caiga en la sima del mal hacer, de la acción inhumana.

No hay que confundir la alegre simpatía y la agradable compañía del amigo con la mentira consciente que hace depender de la emoción los análisis racionales.

- “Eres un mentiroso” -le dijo Jesús a Judas, cuando le advirtió que lo entregaría.

Probablemente, la mayor traición, la única traición se produce en la esfera de la amistad.

La universalidad de la amistad

La amistad se convierte así en referencia universal de cualquier relación humana. Pues para que perdure en el tiempo y en el espacio, ha de estar atenta a las cualidades más estimadas de la relación humana humanizante: lealtad, sinceridad, honestidad, verdad, objetividad, simpatía, compasión, bondad, amabilidad.

El amor a los enemigos, propuesto por Jesús de Nazaret, se traduce en el “Don Quijote” de don Miguel de Cervantes, al final de su vida, por el “aconseja bien a los que mal te quieren”, fórmula magistral para tener siempre abierta la posibilidad de la amistad, incluso para aquellos que se sitúan en las antípodas de nuestra amable convivencia.

Solo así es posible poner en común la armonía frente a la discordia, clave en el nacimiento de Castilla: “Res parvae armonia crescunt; magnae, dilabuntur” se lee en el frontispicio entre los jueces de Castilla y Nuño Rasura, en el Arco de Santa María de Burgos.

Regueiro, al fondo, profesor en Guijuelo

Conclusión

Por todo ello, amigo Manolo, lo razonable es seguir la estela de la amistad y seguir siendo tu amigo con gratitud y amabilidad. Y no sólo para referencia en nuestro entorno familiar, sino para quien vea en la amistad la paz y armonía que todos necesitamos en nuestras desavenencias de la vida cotidiana.

Tu memoria nos reúne y, como a los de Emaús, te sigues manifestando a los amigos.

Tú ya lo escribiste en tu libro “Ser cidadán”, escrito en colaboración con tu amigo y compañero Miguel Ángel:

“Ser feliz sendo sabio é: ser respetuoso, reflexivo, libre, igual, xusto, equitativo, amigo, sincero, cordial, altruista, comprensivo, valente, deliberativo, responsable, solidario, comunicativo, civilizado, urbano, pacifico. Ser feliz e ser cidadán, e poñer o mellor de ti mesmo na relación con outros cidadáns”.

Y es en el cor-razón de la amistad donde es posible comprender, realizar y sentir a lo largo de toda una vida esas maravillosas cualidades posibles y deseables de cada ser humano, sea hombre o mujer, grande o chico, sin distinción de raza, clase social u origen.