A MANOLO REGUEIRO, DESDE LA AMISTAD

Por mi relación con el amigo y para contribuir al reconocimiento y homenaje que se merece, comentaré brevemente algunas anécdotas y reflexiones que despierta en mí su grato recuerdo.

 

Emigrante

Tanto Manolo como yo hemos hemos vivido algunas experiencias de emigración, siguiendo una costumbre muy habitual y arraigada en Galicia, y factor importantísimo de su historia y devenir.

Nuestro primer andar migratorio va desde el ambiente de la aldea y la familia y se dirige hacia un tiempo de inmersión y extrañamiento en el seminario de Santiago. El historiador Xosé Ramón Barreiro así define la estrategia de la Iglesia al crear los seminarios en el concilio de Trento. Sea como fuere, hay que reconocer también su contribución a que los hijos del campesinado accediésemos a niveles de enseñanza superiores a Primaria en otro tiempo.

El segundo andar, sin duda más deseado, nos lleva fuera de Galicia, a la Universidad Pontificia de Salamanca. En la hermosa ciudad de Fray Luis y Unamuno, nuestras retinas impregnadas de visión del granito y del verde gallego, se fueron familiarizando con el color dorado y luminoso de la arenisca de su arquitectura urbana. Allí, en la década de los 60, disfrutamos por suerte otro ambiente que nos cambió la mentalidad, aprendiendo a ver la vida de una manera más abierta, reflexiva y crítica, descubriendo un horizonte hacia la cooperación, el diálogo y el trabajo con sentido social, en línea con los objetivos y planteamientos del Vaticano II. Los impulsos de renovación que llegan a la Pontificia fueron desnudando los arraigados vestigios académicos de una ideología escolástica, aquejada de parálisis y obsesionada por una visión de la persona y de la sociedad en disonancia con la realidad vital. La docencia abandonará poco a poco las actitudes y los enfoques magistrales inapelables.

En paralelo discurren tiempos de crisis de la política de la Dictadura, que se verá forzada a ir cambiando de sayo poco a poco, a lo cual contribuyen los Planes de Desarrollo Económico y el movimiento migratorio a las ciudades aquí y en el extranjero. Los nuevos aires de Europa cruzan los Pirineos y se siembran las semillas de la Democracia que se formalizará en la Constitución de 1978.

De ese tiempo en la Pontificia salmantina quiero citar algunos compañeros gallegos sobresalientes: en el plano eclesial, a Julio Lois de A Coruña y a Manuel Cillero de Vilalba (Manuel Mejuto, familiar mío y originario de Vimianzo-Melide, publicó una magnífica biografía sobre Cillero: “A delicia de ser catequista”) por haber asumido con su vida ejemplar el difícil compromiso de acercar la Iglesia al Mundo siguiendo el espíritu del Concilio. Y también al ferrolano Santos Juliá Díaz por su trayectoria de historiador y sociólogo eminente, profundo conocedor de la Historia Contemporánea de nuestro país y de la llamada Transición a la Democracia. A su lado yo considero a Regueiro como un exponente muy importante de la Política Lingüística gallega.

Manolo continuará este andar migratorio retornando a Salamanca después de su primera experiencia de un año de docencia en la villa soriana de San Esteban de Gormaz, mientras que yo, después de estudiar en la UPSA, retorno a Soria, al lado de mi familia que ya había emigrado a la tierra de Machado cuatro años antes.

 

Profesor

En la biografía de Manolo hay que destacar también sus primeros pasos en la docencia en Enseñanzas Medias, inmerso durante el curso 1968-69 en la villa soriana de San Esteban de Gormaz, como primer director del Colegio Libre Adoptado (CLA).

 

Para aproximarse a esta experiencia de Manolo en tierras sorianas, también es necesario conocer el contexto socioeconómico de esa época en San Esteban. Resaltaré brevemente que entonces en la provincia de Soria surgen dos importantes impulsos generadores de trabajo y de atracción poblacional interna: la empresa de Javier García del Valle en San Esteban y la Fábrica de Chorizos Revilla en Ólvega. Javier, con un talante modernizador y de tendencia liberal, se rodea de un equipo de químicos e ingenieros técnicos, y amplía eficazmente la empresa harinera de su padre Isaac, orientándose a manufacturas mecánicas y a derivados de alimentación relacionados con el pimentón, logrando expandirse al mercado de EEUU.

El impulso económico contribuye a un cambio social en la villa, que madura entre un mundo conservador y el nuevo señorío que trae el entorno de Javier. Este empresario innovador sobresale por dar todo el apoyo a la iniciativa del CLA en un momento crucial para la extensión de la Enseñanza Media, ofreciendo como local la casa de su padre y la participación de su equipo, e incluso preside una comisión para el CLA, en la que participé recorriendo la comarca para localizar alumnos comprometidos, y también de enlace con don Octavio, director del Instituto Antonio Machado de Soria, al que será adscrito.

Coincide allí con mi familia, emigrada de Galicia en el 58, cuando don Joaquín -así le llamaba Manolo a mi padre- llega destinado a su primera escuela en Quintanilla de Tres Barrios, acompañado de Matilde y sus ocho hijos. En el 68 ya trabaja de maestro en las Escuela Graduada de San Esteban de Gormaz.

Por cumplir un poco con el interés que recientemente me mostró Manolo por participar si escribíamos algo sobre mi padre, y también para explicar en clave gallega esa buena sintonía entre ambos, yo resaltaría en la biografía de mi padre, originario de Vimianzo (Terra de Melide), el hecho de haber estudiado desde el 26 al 36 en el Seminario de Lugo. Luego, por ser de la quinta del 36, será destinado durante la trágica Guerra Civil a la batalla del Ebro. Entre los recuerdos de mi niñez guardo sus sentidos relatos de “ver por primera vez una pila de muertos destrozados” y sus vivencias “en las sierras Cabals y Pandols, Venta de Camposines, etc.”, destinado en intendencia “sin disparar ni un solo tiro”. Otro detalle relacionado con el anterior es que en Lugo tuvo de compañero de clase a Vicente Latorre, con el que luego continuó su amistad, incluso compartió con él varias jornadas de caza en Soria. Vicente, muy amigo de Manuel Fraga, no solo veneraba al político de Vilalba sino que tambien compartía con él partidas de dominó. En esa veneración y admiración caminaban también de la mano Regueiro y don Joaquín.

También me parece oportuno destacar la trayectoria vital de mi padre a favor de la extensión escolar: después de estudiar magisterio en la Normal de Santiago, regresa a su aldea de Vimianzo donde prepara a jóvenes de la zona para ingreso en Telefónica; luego dará clases en la notable Academia de Melide, dirigida por el profesor e inspector de educación don Xosé Ares Lois. Y ya emigrante, tanto en Quintanilla como en San Esteban, continuará esa labor extraescolar de preparar para ingreso y dar clases particulares de bachillerato compartidas con otros profesores en las que participó un tiempo el amigo José María Romero. Finalmente apoyará decididamente la creación del CLA y acompañará a Manolo como secretario provisional del centro. Años más tarde retornará a Galicia, al precioso paisaje de A Guarda, mientras sigo sorianizándome al lado de mi muy querida esposa María Ascensión Andaluz.

Matilde también tiene su papel en la vida del amigo Manolo, al convertir su casa de San Esteban en la casa de Galicia.

Por sus relaciones con Regueiro debo hacer referencia también a la familia de Manolo Portela, emigrante de la Tierra de Soutelo de Montes (Pontevedra) lugar natal “do mellor gaiteiro de Galicia ós vintecinco anos, no 1924”. Manuel Portela era técnico casi vitalicio de la fábrica de harinas. Y a la querida familia del peluquero Antonio Larrén, infatigable colaborador en la comisión. Ambas familias aportan su amistad y un grato ambiente al amigo director en su ir y venir entre la modernidad y el conservadurismo de aquel interesante momento de comienzos del CLA, encauzando una situación bastante compleja gracias a su amabilidad y capacidad de diálogo, logrando autonomía en la labor del centro en consonancia con las orientaciones del director del Instituto de Soria, sin restar protagonismo al papel que lógicamente tenía García del Valle. Un abrazo para Portela y Antonio, que también nos dejaron.

 

Las clases se imparten en la casa del padre de Javier, contigua al arco de la entrada Sur a la villa. Disponía de dos plantas amplias, luminosas y bien conservadas. Se eliminó el mobiliario de la tienda de tejidos que hubo en el bajo.

La historia del CLA es también un período de historia de la villa. Por eso mismo resultaría interesante conjuntar las miradas a la vida del CLA en San Esteban, desde fuera y desde dentro, para conocer mejor el pequeño mundo coditidiano de la villa en esa época de desarrollo económico, pero también de emigración y vaciamiento rural hacia las ciudades, revolucionando las costumbres y visiones del mundo, la educación, la sociedad y la economía en todos los ámbitos de nuestro país. Por eso tanto José María como yo nos proponemos promover un relato colectivo sobre el período del CLA en San Esteban de Gormaz. Él conoce y recuerda mejor que yo momentos de interés a partir de que contacta con Manolo para ofrecerle el puesto de dirección por encargo de la comisión. Una historia muy digna de figurar en los archivos del Área de la Memoria Escolar del CEINCE de Berlanga de Duero (Centro Internacional de la Cultura Escolar), no solo desde la perspectiva educativa, sino también como relato de un tiempo de iniciativas y de dinamismo empresarial que hoy tanto necesita la provincia para superar la grave situación de despoblamiento que pone en peligro su existencia como tal.

Este reconocimiento a Manolo profesor se extiende tambien al buen hacer del equipo de profesores que le acompañaron en esa primera singladura del CLA. He entrevistado a algunos alumnos de aquel entonces. Su valoración es coincidente en resaltar la calidad de los profesores, el buen clima y también la exigencia académica, las actividades complementarias de teatro y baile, e incluso se hicieron varias excursiones (a Galicia, a Andalucia, etc.), y sobre todo recuerdan que:

“Había profesores que te estimulaban a pensar y crear”.

“Tuvo una influencia importante en nuestra juventud y también en la vida del pueblo”.

“Gracias a su creación los pueblos de la zona pudieron tener opción de salidas de estudios; muchos sin el CLA no hubieran podido tener acceso a esos aprendizajes y hubieran emigrado sin otra enseñanza que la Básica. Aportó un aire fresco para renovar nuestros conocimientos; recuerdo a un profesor muy bueno de Matemáticas, Paco, que venía del Burgo...”.

“Se utilizó como sala de Gimnasia el local de la tienda de tejidos del bajo, se quitó el mostrador y se aprovecharon las barras de colgar la ropa para realizar estiramientos. Hacíamos teatro en una de las habitaciones del primer piso; la profesora de Ed. Física, Gloria, preparaba las obras y ensayaba, diseñaba trajes con la tela de sacos de la fábrica de harinas...”.

“Recuerdo al director que se relacionaba mucho con la gente y era muy apreciado. Se le veía atareado en la gestión del CLA”.

“Recuerdo que se organizaron excursiones a Galicia, Andalucía y por Castilla y León, cuando Manuel Regueiro y Álvaro Martínez Novillo eran directores”.

 

Filósofo y Político

Viví una grata experiencia con Manolo durante el curso 1968-69, cuando viajé con él en su Mini desde San Esteban hasta Perbes (Pontedeume), su aldea natal, y pasé unos días en su casa familiar, muy próxima a la de Manuel Fraga. En la convivencia de esos días conocí mejor al amigo. También hubo otros momentos de encuentro con él, principalmente cuando coincidíamos en la casa de mis padres en San Esteban de Gormaz.

Me comentó que había tenido un gran profesor de Lógica en la facultad de Filosofía de la Universidad Pontificia. Le consideraba una eminencia y sin duda ha tenido un gran influjo en la formación de Manolo. Se trata del catedrático don Vicente Muñoz Delgado, natural de Marzás (Puente Ambía) en Ourense. Don Vicente se había especializado en Lovaina, en Alemania y EEUU al lado de notables profesores de Lógica moderna (más información en: summa.upsa.es).

 

Entre los rasgos que he apreciado en el trato y conversación con Manolo resaltaría su saber escuchar, su hablar pausado y tranquilo. Detrás de su palabra había reflexión y hábito de argumentar; parecía “estar de volta nas cousas da vida”, “sabía mirar lonxe”, yo diría que tenía la actitud de un antropólogo en los estudios de campo, de un observador participante que se limita a “escoitar e ver pasar” los diálogos y demás interacciones sociales que generan y muestran la cultura o modo de vida social. En él también asomaba una veta de “enxebre retranca” de filosofía popular galaica. En ese diálogo amable e indagador no faltaba el humor creador de buen clima comunicativo. Un ejemplo de ello, este párrafo de un artículo suyo:

“Por qué esta continua marxinación do pensamento galego? Eu non atopo xustificación para tanta xordeira. Non lles abonda o que están a facer coa materia de cidadanía? Por favor, escoiten e reconsideren.

Manolo como político: Si buscaba al partidista político, no lo encontré, porque Manolo no recurría al argumentario típico del político de partido. Así lo cons­taté conversando en Santiago con el amigo, ya Director General de Política lingüística, sobre sus diferencias con el Bloque en la problemática lingüística: escuché los argumentos de un estudioso de la lengua y de las relaciones interlingüísticas, y de un filósofo que me recordaba a Julián Sanz del Río, y a los protagonistas de la ILE (Institución Libre de Enseñanza), que ya desde el siglo XIX pensaron y llevaron a la práctica sus ideales de educar en armonía para vivir con armonía. Me encontré, pues, con razones para una “actuación dialogante y actitud armonizadora” que convenza y anime a todos a hablar la lengua de Rosalía. Luego, poco a poco, vendrá la normativa democrática que defienda y promocione simultáneamente a las dos lenguas de Galicia. Es la misma melodía que percibes al leer el Modelo harmónico de relación lingüistica” de D. Manuel Regueiro Tenreiro.

Yo en ese momento venía de escuchar en Vigo el punto de vista de mi cuñado Paco Rodríguez Álvarez sobre esta misma cuestión. Éste, desde la perspectiva del Bloque Nacionalista Galego, defendía y sentía la cultura de Galicia con tanto entusiasmo como Manolo, tenía una excelente biblioteca en gallego, “falaba en galego” e incluso colaboraba en actividades culturales como buen gaitero y violinista que era. Sus ideas sobre la política lingüística necesaria en Galicia eran más contundentes, y la estrategia política de mi amigo le parecía en parte válida pero insuficiente, y dudaba de su eficacia. Propugnaba utilizar la legislación democrática para obligar a hablar la lengua materna y potenciar el desarrollo de nuestra cultura en todas las instituciones de Galicia, como respuesta lógica a tantos abusos y desprecios a la lengua durante el franquismo, La lengua gallega está en peligro de desaparecer y si es así -decía- “a cultura galega vaise o carallo. Ambos para mí eran y continúan siendo parte del espejo poliédrico que me permite ir conociendo Galicia, mi tierra.

Paco Rodríguez desarrolló una excelente labor como profesor de Matemáticas en el Instituto Coia de Vigo. Ahora acompaña a Manolo en su viaje a la Eternidad. Un gran abrazo para los dos.

En esa dimensión de búsqueda del “educar en armonía” y “vivir en armonía” que tanto ilusionaba a Manolo, recordaré dos anécdotas de momentos compartidos con él hace poco a los que hago referencia en el relato fotográfico: la primera en 2012 en Salamanca y la segunda en 2016 cuando nos acompañó en el corazón, recorriendo Soria y en el homenaje que le hicimos al gran filósofo de la armonía, Sanz del Río, en Torrearévalo -su pueblo natal-, donde escuchamos y aplaudimos un discurso que pronunció el soriano amigo José María Romero. Ese discurso aparece en Youtube, “Recordando a Sanz del Río”.

 

José Antonio Pereiro Ramos fue director del Centro de Formación de Profesores de El Burgo de Osma. Coordina el Área de la Memoria de la Cultura Escolar en el CEINCE (Centro Internacional de la Cultura Escolar) de Berlanga de Duero.